Maternidad Subrogada y vínculos afectivos


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En la actualidad, los modelos de familia se encuentran en pleno cambio. Nos encontramos en una época de transición en la que tantos los avances tecnológicos como médicos repercuten tanto indirecta como directamente en el modo de relacionarnos.

Se abren paso así, nuevos dilemas éticos y morales en torno a la aparición de estos cambios que nos hacen indagar sobre cómo van a evolucionar los vínculos afectivos que comienzan a originarse.

En este caso nos centraremos en analizar la práctica de la maternidad subrogada o comúnmente conocida como vientre de alquiler y su relación con los vínculos afectivos.

La maternidad subrogada

Es un hecho que cada vez son más las personas que acuden a los vientres de alquiler como forma de solución a su deseo de ser padres.

Se conoce como maternidad subrogada, maternidad sustituta o vientre de alquiler a la práctica en la que una mujer gesta a un bebé previo pacto o compromiso, mediante el cual tiene que ceder todos los derechos sobre el recién nacido a la persona o personas que asumirán la paternidad o maternidad del mismo (Souto, 2006).

Cada historia es motivada por una problemática diferente, lo común es la posibilidad de hacer su deseo realidad, ante la imposibilidad de poder hacerlo por uno mismo.

Así, nos encontramos por ejemplo con la historia de Tracey Thompson y Kelley McKissack, madre e hija, que no solo comparten una relación filial sino que Tracey dio a luz a su nieta, debido a que su hija tenía problemas de fertilidad.

Pero más allá de la repercusión a nivel mediático y de la solución al problema de fertilidad de Kelley, ¿qué supone la realización de esta práctica?

Opiniones hay muchas y para todos los gustos desde considerar la maternidad como un proceso natural y en el que no es aceptable su modificación por una nueva modalidad o ver esta práctica como una forma de mercantilizar a las personas como argumentos en contra, hasta verlo como una solución viable para todas aquellas mujeres con problemas de esterilidad o la libertad de una mujer para hacer con su cuerpo lo que considere como argumentos a favor.

Pero, ¿qué hay de los vínculos afectivos en la maternidad subrogada?

Apego y vínculos afectivos

El apego es el eje fundamental de las relaciones humanas. No solo es el primer vínculo que los seres humanos desarrollamos sino que según diversas teorías y autores, la forma en cómo lo hacemos y cómo éste se desarrolla en las primeras relaciones que establecemos determinará más adelante cómo serán nuestras próximas relaciones.

La teoría del apego desarrollada por Jhon Bolwby defiende que la relación más temprana que se establece y que nos permite aprender a regular nuestro sistema emocional es la vinculación afectiva con el cuidador más próximo, siendo generalmente la madre.

Esta relación otorga al niño una sensación de confianza y seguridad que le servirá de soporte para su desarrollo. Así, en líneas generales, la forma en que la madre se vincule con su hijo repercutirá en toda la vida posterior de este.

Pero en relación a la práctica de la maternidad subrogada, ¿qué papel tiene el apego?

Apego y maternidad subrogada

Si bien es cierto como hemos dicho anteriormente que la principal figura de afecto suele ser la madre, en otros muchos casos no lo es. Lo importante es el establecimiento de un vínculo o relación, entre el bebé y un cuidador principal. Y sobre todo, que este vínculo sea seguro y sano, es decir de calidad.

Así, no es tanto con quién el niño establece ese vínculo sino la calidad del mismo y si ésta le proporciona un soporte afectivo sano, que permita conformar de manera adecuada su futura personalidad.

Pero también existen otras teorías que defienden la idea de que el vínculo de apego comienza a crearse desde el embarazo. Desde esta perspectiva, el cuerpo de la mujer se prepara, observándose cambios en el cerebro tanto a nivel estructural como funcional para la creación de este nuevo vínculo.

Si tenemos en cuenta este enfoque, quizás la dificultad la encontramos en las repercusiones emocionales que puedan originarse en la mujer que ha gestado durante 9 meses al niño. Ya que a pesar del contrato previamente establecido entre las partes del acuerdo, ésta puede desarrollar sentimientos y pensamientos en cuanto a la salud y bienestar del niño.

O quizás son los futuros padres quienes tras pasar un tiempo creen que no van a poder educarlo, criarlo o verlo como a un hijo…

¿Cómo afectaría a Tracey Thompson el día a día con su nieta a la que dio a luz? ¿Existiría algún tipo de vinculación más allá de la relación abuela – nieta? ¿Se aproximaría más bien a una relación filial?

Más allá de estar a favor o en contra, lo que sí es importante tener en cuenta es el grado de madurez y responsabilidad de ambas partes para llevar a cabo este proceso. No solo por las consecuencias que puedan tener consigo mismos sino por la vida del niño que vendrá.

Tomar la decisión de la maternidad subrogada o vientre de alquiler supone una serie de valoraciones morales y éticas que cada parte debe replantearse y reflexionar para que posteriormente no surjan confusiones.

Así, la ciencia avanza y con ella surgen nuevas posibilidades y cuestionamientos ético morales que hasta hace un par de generaciones eran impensables, donde la maternidad subrogada se abre camino a pesar de estar prohibida en muchos países, como oportunidad para muchas personas.

Estos nuevos dilemas morales exigen a su vez, nuevas formas de razonamiento y perspectivas para valorarlos. La cuestión es ¿estamos o no preparados?

Artículo escrito y  cedido por Gema Sánchez Cuevas. Psicóloga. USAL

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